Desde la revolución de la conciencia #3

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David Alfaro Siqueiros – Urbanización en el altiplano

El fin del fin del Estado

La siguiente busca ser una reflexión auténtica descifrada en clave vivencial. Una declaratoria así sólo es síntoma de que su contenido aspira a ser preciso, limitado, concreto, pero también refleja de algún modo la crisis de comunicación de la que es posible dar cuenta en 2021.

El hecho de que hoy en día una parte significativa de la población haya inhalado el incienso de incertidumbre respecto a algunos de sus líderes sociales sólo puede explicarse en los términos de la crisis de una era. Ese relativismo es común cuando se entiende que la posverdad es la era en que las palabras carecen de un sentido esencialista. El paso más complejo es vislumbrar que sin palabras no hay conceptos, aunque exista pensamiento puro y privado.

La privatización del pensamiento, de ese modo, se desvela como el objeto de esta reflexión, lo que descubre que el transmisor de los mensajes desempeña un rol mucho más fundamental de lo que la filosofía tradicional ha percibido, pues no es completamente equiparable un diálogo en la antigüedad, de una carta decimonónica, de la televisión en el siglo XX a los nuevos modelos de la súper-comunicación en el siglo XXI. El transmisor, con ello, se vuelve un agente político y politizador para sí mismo.

En realidad, toda la compleja estructura de pensamiento conocida como neoliberalismo es por su propio peso un agente neutralizador de la acción colectiva en la medida en que reprime a la otredad, irónicamente, con el argumento de la libertad pluralista.

Lo que de sí hay en común a nivel comunitario se vuelve con ello una herramienta de máxima distinción, pues lograr percibir lo común en lo diverso es un enunciado completamente político, decidido por la fuerza misma de todo proceso histórico, del mismo modo en que un gobernante es elegido en ley y autoridad. ¿Qué es lo común y qué es lo diferente? La colectividad lo sabe, pero sólo una colectividad aislada de entre todas, porque el espacio geográfico es escarpado a nivel étnico, asimétrico e infinito en sus caracteres estéticos.

La tribu urbana posmoderna, de ese modo, se vuelve un conjunto y de la sumatoria de ese conjunto una especie de seudo-nación cuya posible articulación o indiferencia mutuas marcará toda posible convivencia en los años venideros. En una palabra: las nuevas tribus descreen del Estado así como toda comunidad descree de los fenómenos juzgados por su propia experiencia colectiva en calidad de vejaciones.

Esto implica en México pensar en la violencia.

Si se toman en cuenta ambos fenómenos, una crisis de sentido lingüístico, por una parte y otra de orden político, nos encontramos ante el escenario menos favorable para cualquier posible consenso unitario de la realidad y, por ende, de la definición misma de lo que es admisible o no en el nivel de lo comunitario.

De ese modo, cada tribu urbana crea sus valores autónomos y se aleja peligrosamente de la idea de Estado-nación al descubrirse su estructura burocrática como un simulacro decisionista y un Leviatán generador de principios normativos de violencia.

No obstante, la crisis posmoderna abre el camino a su propia resolución dado que la constante es el flujo de resignificado de las palabras y su correlación en lo concreto de los sentidos. Lo lógico en ese caso es preguntarse, por tanto, ¿qué es el Estado? Se requiere una nueva definición, una definición real.

La máxima actitud de indiferencia al Estado se torna con ello su máxima posibilidad de reforma, una vez que por su propia eventualidad caótica la realidad se coloca a sí misma en el mismo centro de toda polémica y por tanto en el centro de toda probable revolución de pensamiento.

El sujeto colectivo no podría nacer sin haber ejercido contra la violencia su inverso proporcional, que es la genealogía misma de toda identidad colectiva articulada, pensamos, con los mitos y tradiciones. Suena increíble, pero la fuerza del pensamiento mitológico es capaz de levantar montañas, aparejar los mares y recrear el mundo.

Miguel Cabrera

Sábado 18 de septiembre,

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