Una audiencia nutrida fue testigo el pasado miércoles 20 de abril del último concierto en tierra mexicana de la agrupación iraní Navayeh Mehr (sonido de bondad, aunque literalmente sonido solar/ calorífico / lumínico) durante esta gira de Nowrúz (Año Nuevo persa). Un calidoscópico repertorio de alegres tonalidades se hizo escuchar en el auditorio Ernesto Velasco Torres del Sindicato Mexicano de Electricistas ubicado en la av. Insurgentes 98 de la Ciudad de México.

Nos parece muy significativo que en Irán el año nuevo esté asociado al comienzo de la primavera, cual cordón de luz que se prolonga a lo largo del equinoccio solar para marcar el fuego nuevo, un fuego musical. En Irán, por ejemplo, la festividad de año nuevo se celebra entre otras costumbres con el “salto de la fogata” en la que un individuo brinca una pequeña hoguera para simbolizar el cruce temporal a una nueva cuenta, a un nuevo año, auténtica celebración de todo lo que se renueva.

Por otra parte, no es menos ejemplar el hecho de que la pura idea de un fuego nuevo reverbere en nuestras tradiciones mesoamericanas desde los antiguos ulmecas (el primer pueblo petrolero), pasando por toltecas hasta los mexicas y la contemporaneidad. ¿Cómo no pensar, por ejemplo, en las variados ciclos de 52 años en los que las comunidades ancestrales guiaban su porvenir astronómico? ¿No es el equinoccio festejado en Teotihuacán, a su vez, una conmemoración solar? Al respecto y según la investigadora Silvia Limón, en la celebración “en tanto que deidad de la centralidad, los nahuas le asignaron al dios del fuego la cualidad de dar cohesión a la familia y a la sociedad”, cohesión tanto más importante si se asume la complejidad del mundo cotidiano donde los antiguos lazos tribales se han perdido para dar paso a un individualismo globalista exacerbado. La luz de la comunidad es a su vez un principio de unidad política.

En ese sentido, el célebre país persa, –cuna de incontables aportaciones desde la antigua filosofía zoroastriana hasta una arquitectura encomiable y un desarrollo tecnológico contemporáneo de primer nivel,– no podría ser sino un ejemplo de resistencia ante las duras condiciones internacionales en que se ha visto de acuerdo a los parámetros de un Estados Unidos unilateral, desde la imagen que se tiene de los iraníes hasta lo desconocido de múltiples aspectos que la interrelacionan con Occidente mismo.

Que nuestra tierra mexicana pueda dar voz y cabida a un grupo de talentosos músicos iraníes es una inigualable oportunidad para vindicar el lugar de la cultura persa a ojos de la audiencia mexicana, así como de encontrar en su mitología y cultura vastísimas signos y ecos comunes del pensamiento de nuestros ancestros americanos. Esto no puede ser de otro modo pues a las culturas nos unifican una incontable grey de inquietudes, no es mentira, pero también un símbolo solar común, la luz, ya sea como año nuevo o como calendarización de algo, un tiempo social, que debe renovarse. Tal es la alegría de este festejo que, desde los antiguos tiempos del Imperio Aqueménida en el siglo VI. a.C. recorre el Mar Mediterráneo y las arenas del Mar Caspio para llegar a depositarse, como un fuego sin cenizas, en el corazón de todos quienes le escuchan a través de sus inspirados amanuenses. 

La celebración del fuego es tal vez la primera manifestación de la soberanía.

Navaye Mehr Music Band está conformado por Mahdi Ayoughi, Mehrdad Massoudi, Hasan Mahdi Etebari y Amin Heydari, quienes estuvieron acompañados por los infatigables artistas mexicanos Valeria Ysunza y Claudia Llanos en la danza, junto a los músicos Jedidiah Thomas y Daniel Zamora. 

Miguel Cabrera

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